EL CORRECTOR



¿Cómo te quedas cuando oyes a alguien hablar con un lenguaje cuidado, unas frases bien elegidas y un ritmo que te atrapa? Con la boca abierta, dirás probablemente.


Aunque no lo parezca, el lenguaje escrito tiene tanta importancia como el lenguaje oral. Escribir por ejemplo, «no te quiero» o escribir «no, te quiero» tiene un significado diferente. Tampoco significa lo mismo escribir «Silvia es secretaria» o «Silvia es secretaría». Estos son solo unos ejemplos, pero nuestro idioma está repleto de minúsculos matices, que un corrector automático no puede detectar.


Por eso estoy yo aquí. Tú eres el genio, el inventor, el creador de tu texto. Yo voy a intentar no desmontártelo por completo, solo aportarte los detalles necesarios, afilando las imperfecciones. Ofrecer una calidad ortográfica, gramatical y de estilo es mi objetivo principal para que, cuando tu texto salga del taller, tus futuros lectores se queden con la boca abierta. ¿Te animas?